jueves, 19 de abril de 2012

SEMANA SANTA 2012 III, JUEVES SANTO 2

El ritual es el mismo de siempre, habiendo dejado el altar del costalero encima de la cama, pasa uno a comer algo y a compartir esos momentos de tensión y reflexión con la familia mientras se almuerza frugalmente. Solos los tres, los tres esa tarde iremos contigo, Señor, a que inundes las calles de Fe. Miradas repetitivas al cielo, ese cielo que parece no enterarse que ese jueves es uno de los que reluce más que el sol. Despedida de la madre que verás vestida de nazareno después. Hace frío en la calle, silencio de los dos camino de San Agustín, el corazón del guerrero sabe que va a entrar en batalla y sus pensamientos se envuelven con el papel fino y transparente del humo del tabaco. Pelea el sol en su particular paso, casi pueden descubrirse en el cielo las manos de un capitán que quiere ver a uno de sus tres orgullos pasear a Dios y con Dios por la calle. El encuentro con la tropa es extraño, se sabe en el fondo del combate, pero nadie da un duro por él, nadie es consciente de salir a la calle este año. Entrada en San Agustín y allí al fondo está el General, preparado con su túnica nueva, llena, como dice un amigo, de primavera, y Fe. Nervios, ausencias, lágrimas a veces, reencuentros, risas, bromas, silencio, concentración…. Los guerreros del Rosario se visten para la batalla en un salón parroquial que se llena de ilusión y costalería, ese momento es de los de más sabor de la tarde, pararse un poco a ver el ritual de cada uno… y llega el primer pellizco. Manolo llega por mi costero derecho y me dice “¡Vamos, que es el último!” la ropa en la mano, preparado para su última batalla el guerrero veterano acude a nosotros para vestirlo de héroe, ahora sí, por última vez. Hay pocas cosas que me superan en este mundo del costal, pero a fe mía que una de ellas es esta, me dio un vuelco el corazón, quizás porque ver el final de la carrera costaleril de un amigo y compañero, que deja dos peonazos debajo del Señor, que son sus hijos, hace que se acerque más el temido final de uno mismo bajo la galera soberana. “Chico, yo no puedo, dale tu” y mi chico, como si fuera lugarteniente, toma el “toro” por los cuernos y le pone a Manolo su última ropa. Luce Manolo para la ocasión otra reliquia, su camiseta de costalero, la de siempre, la del escudo enorme en el pecho, desgastado por los años y el sudor de la galera, con una pequeña escarapela, de esas que se daban antes en la puerta de la iglesia el Jueves Santo por la mañana. Continúa el ritual y llega el momento de la foto, como todos los años, del cigarro eterno de la espera, de los abrazos, de los ánimos, de la espera y de la tensión muscular. El cuerpo y el alma ya están preparados para la batalla y acabamos por vestirnos de costaleros, colocación del costal parsimoniosa, como un torero la montera o el capote de paseo en el patio de cuadrillas en el que se ha convertido el patio de la iglesia de San agustín, que lleva desde el año 88 viendo como los Costaleros del rosario encaran la tarde más maravillosa del año. El paseillo este año es extraño, se saluda y desea buena estación a los más allegados y enseguida bajo el paso, hay ansia de Dios debajo, dos años son muchos sin ti, Señor, y la cuadrilla palpa el momento de la gloria, ese momento en que la bocana de San Agustín se convierte en muelle y parte el Barco de dios al mar abierto de una tarde de Jueves Santo. Este año los que le ponen música a tu andar, esos que son tan tuyos como nosotros y que son los únicos en sostenerle la mirada a aquel que te vendió, llegan de otra manera, ellos se merecen su momento, y anuncian que Dios está a punto de salir a la calle. Palabras de arenga de los hombres de negro y suena el llamador, este año, curiosidades de la Semana santa, no sacamos el caballo, este año nos acompaña el de siempre, el martillo que Maestre, Gámez o nuestro Capitán empuñaron en infinidad de ocasiones, que suena como los ángeles y que es el nuestro de siempre no ha querido perderse el reestreno de la imagen de siempre, esa que tienen los que ya son abuelos en la retina y que ha provocado el delirio entre unos e inmensos recuerdos y emociones entre otros. Este año Señor, has recuperado la imagen que siempre tuvo Linares de ti, este año, en el fondo, hemos vuelto a hace 30 años contigo. Se abre el portón sale la cofradía, este año más poblada, y te asomas a la puerta. No hay tensión en el silencio que sucede, hay asombro, ese run run especial de las tardes maestrantes es el que Linares, a verte después de dos años, utiliza para recibirte y que rompe en el cariño y fervor con el primer costero al son de la marcha real. Está Dios en la calle, ¿no lo veis? Y después de que nuestro hermanos ponis te saquen como los ángeles nos disponemos a emborracharnos de ti. Algo de nervio, mucha fuerza, mucha alegría y temple, porque las buenas faenas se hacen templando, como Belmonte, y así, templando y andando te ponemos Señor en esa calle larga que es la avenida que te acerca más a la calle de la Madre, hay que dejarle sitio a Ella, porque la Madre de dios, señores, está a punto de derrochar por los cuatro costados belleza y amor para sus hijos…

2 comentarios:

PonydelSoberano dijo...

me ha encantado esta entrada, sutil, compacta y llena de sentimiento, un resumen esplendoroso de esos momentos previos, creo que a todos nos pasa algo parecido...

Arcos dijo...

vaya tela la banda....