lunes, 24 de marzo de 2014

LA GUARDIANA DE DIOS (Foto Juan López Leiva)

La Cuaresma, todo lo que la rodea, llama al repeluco del alma cada día y a cada instante. Al cúmulo de olores, luces y colores que empiezan a despertar como la recién estrenada primavera, se unen esos zarandeos del alma a los que nos tienen acostumbrados nuestro Titulares. Muchas veces, muchísimas, me he planteado por qué mi santa madre no venía a mudarse a Sevilla con sus dos hijos y dejaba de estar en Linares sola... ¿sola? esta foto lo explica todo. ¿Cómo va a sentirse sola teniendo tan cerca al Hijo de Dios? ese en el que descansan sus anhelos, sus oraciones, sus ruegos... esas manos en las que ella cada día se apoya para soportar, entender, por qué se llevó hace 20 años a la persona que seguro ha querido más en este mundo y a la que quiere todavía y de la que se despide cada noche antes de dormir. ¡¡Sola dice!! sola se sentiría seguramente si no pudiera ir a verlo todos los días, si no pudiera refugiarse en su mirada gitana cuando quiera ella, si no pudiera hasta reñirle si lo necesita o simplemente extasiarse ante su presencia, porque la presencia del Dios Prendido de San Agustín es simplemente impresionante. En esta foto, gracias a mi amigo Juan López Leiva, que ella se siente viva a su lado, que ella necesita de la presencia ilustre de Dios, que necesita visitarlo, que necesita vivir cerca de él como testigo de una familia de "exiliados" a la tierra de María Santísima para decirle al Señor que nosotros sí seguimos siendo de los suyos. En esta foto comprendí que esa sonrisa de medio lado es el gesto que reune la felicidad más absoluta de una "castellana vieja" como a ella le gusta definirse. En la gloria misma parece estar a los pies de Dios, mostrándolo a todos, recibiendo a la gente que viene a visitarlo, como camarera suya que es, y presentándole a las visitas que llegaron a rendirle culto a Dios en los tres días que estuvo en la tierra de nuevo para recoger los anhelos de Jueves Santo antes de subir como Capitán del Galeón de la Ilusión a pescar de nuevo almas, corazones y súplicas de un pueblo que le quiere y le anhela en las chicotás de una parihuela de madera. Ese maravilloso segundo plano que ejecuta ella a las mil maravilas, ese ser el "ama de llaves de Dios" es, como digo la felicidad plena... en esta foto comprendí que jamás vendría definitivamente a Sevilla, porque simplemente Dios la quiere a su lado.